Se hizo esperar…

Se hizo esperar…

Madre mía, cómo pasa el tiempo… Un año ya desde mi última entrada, y es que en todo este año, no he estado muy inspirada en el tema que me ocupa en este blog.

Pero lo bueno se hace esperar y ya estoy aquí de nuevo con ganas de hacer nuevas cositas y de contaros todo lo que voy creando…

Hoy os traigo un trabajo que me llevó mucho tiempo pero del cual estoy muy orgullosa. Se trata de, lo que todo el mundo conoce como “Libro de firmas”, pero que, bajo mi punto de vista, es mucho más que eso.

Os cuento un poco cómo surgió la idea… Mi sobrina mayor hacía la comunión y yo quería prepararle algo personal, original y único. Busque opciones en la web y después de ver todo lo que se ofrece para estos acontecimientos, lo vi claro… un libro personalizado en el que ella pudiera guardar los recuerdos de su gran día.

Me lié la manta a la cabeza y busqué y rebusqué para que al libro no le faltase ningún detalle… Compré todos los materiales que iba a necesitar: cartones, cartulinas, lazos, pinturas, láminas para scrapbook, sobres, tarjetas, papel de regalo…

Y me puse manos a la obra, lo primero fue preparar las páginas, todas iguales, hechas con cartulina blanca y una cenefa de papel de regalo. Hacer la portada y contraportada con cartón y forrarla con el papel para scrapbook.

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A continuación, redacté lo que iría en cada página: los detalles de la catequesis y la ceremonia, el Ave María y el Padre Nuestro. Y seguí creando los dibujitos que acompañarian cada página. Una vez hecho todo esto, lo escaneé y lo imprimí en las páginas ya preparadas.

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Acto seguido, pegué los sobres en las hojas de dedicatorias, metí las tarjetas y me puse con lo que más tiempo me llevó, la decoración uno a uno de cada sobre. Obviamente os adjunto sólo una pequeña muestra, ya que al ser más de 30 invitados, había un sobre para cada uno de ellos.

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Para que veáis cómo no le falta detalle, también os muestro las hojas para que la niña pusiera sus fotos, sus regalos y sus recuerdos de dicho día.

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Y para acabar, decoré la portada. Para mí la parte más personal ya que la muñeca que incluí era una copia de cómo iría vestida mi sobrina.

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¿Qué os parece? Claro que no sabéis cómo iba la niña así que no podéis opinar, pero tranquilos, que como la tía orgullosa que soy, os la muestro. ¿A qué iba preciosa?

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Su carita de sorpresa al abrir su regalo me confirmó que todo el tiempo empleado había merecido la pena. Y, una vez acabada la celebración, ver la ilusión con la que iba invitado a invitado dándole la tarjeta para que le escribiera algo especial y guardarlo en el sobre que elegían, no tuvo precio.

Sin lugar a dudas, ver tus creaciones acabadas supone una gran satisfacción por el trabajo bien hecho, pero cuando va dirigido a alguien que quieres y ves que su satisfación es mayor que la tuya… me repito, pero no tiene precio.

Nos seguimos leyendo 😉